lunes, 21 de marzo de 2011

coactius

¡Cachienpetrusyencasitodoloquesemeneax!.
Érase que se era una vez en un pueblecito salvaje de la Germania profunda que las legiones romanas comandadas por el general Aketepisus no podían someter a sus habitantes pues estos estaban muy bien entrenados por el recio e indomable capitán Suarsenegix.
En una de las múltiples escaramuzas que efectuaban los legionarios capturaron a uno de estos salvajes germanos, Totuberracor, mano derecha de Suarsenegix que pacía descuidado. Fue torturado, muerto y sepultado……o casi, pues el general Aketepisus ideó un plan para conquistar definitivamente al bestial poblado.
No pudo rematar el espíritu del berraco y finalmente le conminó a que firmara una paz innegociable a cambio no sólo de su espíritu sino el de los demás, para lo cual le hizo ver mediante hechizos y otras drogas que el resto del poblado estaba casi derrotado.
La moraleja del incoactius sería algo así como: si no firmas la paz los demás sucumbirán y la culpa será sólo tuya.
Este es un viejo cuento que mi papá me contaba allá cuando empezaba a ir al mercado a por víveres y siempre lo había tenido presente hasta que llega la primera vez –siempre hay una primera en la vida- y te pilla de lechón.
Esta misma historia se traslada a nuestra actualidad, a la mismísima torrimperium, egocagarrutaeticocentrum donde los haya, donde un piraoperoquemulistum le ha birlado la firma a un curritum por el mismo procedimiento del aflojalelasinsulasmedianteincoactius -coacción para que nos entendamos- y ha conseguido la “estabilitatixagrupae- hasta el infinitus y más allá.
En este caso la moraleja cambia y pasa a ser: Ajo y agua, pero me cachiensusdientes, con que ganas me quedo de ser por una vez un Chuknorrix para meterle la campera en sus muelas.

Salutatix

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