¡Cachienpetrusyencasitodoloquesemeneax!.
Érase que se era una vez en un pueblecito salvaje de la Germania profunda que las legiones romanas comandadas por el general Aketepisus no podían someter a sus habitantes pues estos estaban muy bien entrenados por el recio e indomable capitán Suarsenegix.
En una de las múltiples escaramuzas que efectuaban los legionarios capturaron a uno de estos salvajes germanos, Totuberracor, mano derecha de Suarsenegix que pacía descuidado. Fue torturado, muerto y sepultado……o casi, pues el general Aketepisus ideó un plan para conquistar definitivamente al bestial poblado.
No pudo rematar el espíritu del berraco y finalmente le conminó a que firmara una paz innegociable a cambio no sólo de su espíritu sino el de los demás, para lo cual le hizo ver mediante hechizos y otras drogas que el resto del poblado estaba casi derrotado.
La moraleja del incoactius sería algo así como: si no firmas la paz los demás sucumbirán y la culpa será sólo tuya.
Este es un viejo cuento que mi papá me contaba allá cuando empezaba a ir al mercado a por víveres y siempre lo había tenido presente hasta que llega la primera vez –siempre hay una primera en la vida- y te pilla de lechón.
Esta misma historia se traslada a nuestra actualidad, a la mismísima torrimperium, egocagarrutaeticocentrum donde los haya, donde un piraoperoquemulistum le ha birlado la firma a un curritum por el mismo procedimiento del aflojalelasinsulasmedianteincoactius -coacción para que nos entendamos- y ha conseguido la “estabilitatixagrupae- hasta el infinitus y más allá.
En este caso la moraleja cambia y pasa a ser: Ajo y agua, pero me cachiensusdientes, con que ganas me quedo de ser por una vez un Chuknorrix para meterle la campera en sus muelas.
Salutatix
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